Un estudio de CPC e Inacap plantea una hoja de ruta para acelerar inversiones, fortalecer proveedores regionales y preparar trabajadores para nuevos proyectos.
La Región de Atacama cuenta con una cartera de 156 proyectos de inversión por US$40.887 millones cuya materialización podría generar un aumento equivalente al 25,6% del Producto Interno Bruto regional, según un estudio elaborado por la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) e Inacap.
El documento, denominado Atacama: convertir su potencial en más valor y oportunidades, fue presentado durante Expo FOREDE 2026, realizada en Copiapó, y entregado al Presidente José Antonio Kast.
La propuesta forma parte de una iniciativa destinada a identificar oportunidades de desarrollo productivo regional y establecer medidas para facilitar la ejecución de inversiones durante los próximos años.
Tres escenarios para el desarrollo regional
El estudio plantea distintas trayectorias de crecimiento, considerando el avance de proyectos identificados, iniciativas en tramitación y mejoras adicionales de productividad.
La trayectoria denominada Activación incorpora 80 proyectos adicionales respecto de una cartera inicial, hasta completar 156 iniciativas por US$40.887 millones.
De materializarse, el conjunto de proyectos podría movilizar 56.215 puestos de trabajo temporales durante sus etapas de construcción.
Para la fase de operación, el modelo estima un efecto equivalente a 23.971 puestos de trabajo en la economía regional y un aumento del PIB de 25,6%.
Estas cifras corresponden a escenarios económicos de largo plazo y están condicionadas a que las inversiones efectivamente se ejecuten.
Los empleos temporales de construcción y los puestos equivalentes estimados para la operación representan indicadores diferentes y no deben sumarse.
Minería y energía entre los principales motores
Atacama presenta oportunidades de desarrollo vinculadas a su actividad minera, su potencial energético y la infraestructura necesaria para sostener nuevas inversiones.
Entre las áreas identificadas se encuentran la minería del cobre y hierro, los minerales críticos, la valorización de relaves, las energías renovables, la desalación y los servicios tecnológicos para operaciones productivas.
El estudio también destaca la posibilidad de fortalecer la participación de empresas proveedoras regionales en grandes proyectos, aumentando el impacto económico local de las inversiones.
Para ello, propone mejorar la articulación entre compañías, proveedores, instituciones de formación y organismos públicos.
Permisos e infraestructura entre los desafíos
La hoja de ruta identifica condiciones necesarias para que la cartera pueda avanzar desde la planificación hasta su ejecución.
Entre ellas se encuentran la agilización de permisos, mejoras en infraestructura y conectividad, fortalecimiento de capacidades empresariales y preparación de trabajadores para responder a los requerimientos de nuevas actividades productivas.
El documento también propone conectar la formación técnica y profesional con las competencias que demandarán los proyectos durante sus etapas de construcción y operación.
El objetivo es evitar que la expansión de la inversión se encuentre limitada por brechas de capital humano o por una insuficiente participación de empresas locales.
Productividad permitiría ampliar el crecimiento
Además de las inversiones identificadas, el estudio incorpora una trayectoria denominada Despegue, que explora el efecto de mejoras de productividad y nuevas actividades de mayor valor agregado.
Bajo el supuesto de un incremento simultáneo de 10% en la productividad de sectores priorizados, el modelo estima aumentos adicionales equivalentes al 9,2% del PIB regional y al 5,4% del empleo.
La propuesta busca mostrar cómo el desarrollo de capacidades productivas podría ampliar los beneficios derivados de la ejecución de grandes proyectos.
Sin embargo, los escenarios corresponden a simulaciones y no a resultados económicos asegurados.
La importancia del estudio radica en entregar una cartera cuantificada y una hoja de ruta para orientar decisiones de inversión, formación y desarrollo territorial.
Para Atacama, el principal desafío será convertir esa cartera en proyectos efectivamente ejecutados, capaces de generar crecimiento y oportunidades sostenibles para la economía regional.
