Ambos países avanzan en acuerdos para facilitar infraestructura y servicios compartidos en proyectos cordilleranos, con foco en iniciativas como Los Azules, El Pachón y Vicuña.
Chile y Argentina avanzan en la reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera, con nuevas conversaciones técnicas destinadas a facilitar el desarrollo de proyectos ubicados en la zona fronteriza y aprovechar las capacidades e infraestructura disponibles a ambos lados de la cordillera.
De acuerdo con estimaciones entregadas por el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, los proyectos que podrían beneficiarse de este marco representan inversiones superiores a US$20.700 millones y tendrían el potencial de sumar alrededor de 540.000 toneladas anuales de cobre.
La cifra representa el potencial de las iniciativas consideradas y no inversiones ya comprometidas como consecuencia del tratado. Su materialización dependerá del desarrollo de cada proyecto, sus permisos, financiamiento y de los protocolos que acuerden ambos países.
Las autoridades retomarán las conversaciones técnicas para identificar las condiciones legales, regulatorias y operacionales necesarias para facilitar el uso compartido de infraestructura, recursos y servicios. El subsecretario de Minería, Álvaro González, señaló que todavía no existe un plazo definido para implementar las medidas actualmente bajo análisis.
Infraestructura chilena abre oportunidades para proyectos argentinos
Uno de los principales focos de la integración es la posibilidad de que proyectos ubicados en Argentina y próximos a la frontera accedan a infraestructura disponible en Chile, incluyendo puertos del Pacífico y eventualmente instalaciones energéticas, logísticas e hídricas.
La alternativa podría reducir distancias hacia mercados internacionales y aprovechar las capacidades desarrolladas por la minería chilena en desalación, transmisión eléctrica, logística portuaria, ingeniería y servicios especializados.
Para Chile, la integración abre además oportunidades para ampliar el mercado de los proveedores mineros, especialmente aquellos instalados en regiones como Antofagasta, Atacama y Coquimbo.
El presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, destacó que el desarrollo de proyectos binacionales podría favorecer la utilización de infraestructura chilena y generar nuevas oportunidades para proveedores nacionales, tanto mediante la prestación de servicios como a través de asociaciones con empresas argentinas.
Sin embargo, la utilización de infraestructura ubicada en Chile deberá definirse proyecto a proyecto, considerando que la cercanía con la frontera no implica necesariamente que las compañías opten por transportar su producción o abastecer sus operaciones desde territorio chileno.
Los Azules, El Pachón y Vicuña entre los proyectos considerados
Entre las principales iniciativas vinculadas a las conversaciones aparecen Los Azules, El Pachón y el distrito Vicuña, todos asociados al creciente desarrollo de proyectos cupríferos en Argentina.
Los Azules, controlado por McEwen Copper y ubicado en la provincia de San Juan, es uno de los mayores proyectos de cobre sin desarrollar del país vecino. La compañía ha señalado que actualmente no considera utilizar agua desalinizada ni exportar su producción mediante puertos chilenos, aunque ha manifestado interés en las conversaciones bilaterales.
También en San Juan se encuentra El Pachón, proyecto de Glencore que podría evaluar mecanismos de cooperación e infraestructura compartida bajo el marco bilateral.
A ellos se suma Vicuña, distrito desarrollado conjuntamente por Lundin Mining y BHP, que integra Filo del Sol y Josemaría junto con otros sectores de potencial geológico próximos a la frontera.
El desarrollo de Vicuña considera abastecimiento de agua desalinizada desde el océano Pacífico, aunque todavía no se ha definido públicamente si la infraestructura correspondiente estará localizada en Chile.
Un tratado que busca recuperar protagonismo
El Tratado de Integración y Complementación Minera fue firmado en 1997 para establecer un marco jurídico especial que facilitara la exploración y explotación de yacimientos ubicados en zonas fronterizas.
El instrumento permite desarrollar protocolos específicos para cada proyecto, estableciendo facilidades para el tránsito de personas, maquinaria e insumos y para el eventual uso compartido de infraestructura y recursos.
Sin embargo, durante buena parte de sus casi tres décadas de existencia su aplicación fue limitada. El principal antecedente fue Pascua-Lama, cuya paralización terminó afectando las expectativas iniciales de integración minera entre ambos países.
En julio, Chile y Argentina celebraron en Buenos Aires la XIX Reunión Ordinaria de la Comisión Administradora del tratado, donde acordaron reactivar sus mecanismos y avanzar en materias como infraestructura, logística, transferencia de conocimientos y facilidades para la actividad minera.
El nuevo impulso ocurre mientras Argentina desarrolla una creciente cartera de proyectos de cobre. Para Chile, este escenario abre una oportunidad que va más allá de la producción nacional: convertir sus capacidades mineras, proveedores e infraestructura en una plataforma de servicios para el desarrollo de nuevos yacimientos en ambos lados de la cordillera.
El desafío será ahora traducir el marco bilateral en protocolos concretos y determinar qué proyectos utilizarán efectivamente las facilidades contempladas por el tratado.
