Del pirquén a la sala de control: Chile conmemora a quienes han construido su historia minera

El Día del Minero y la Minera vuelve a poner en primer plano a las personas detrás de una actividad que ha marcado la historia y el desarrollo de Chile.

Desde quienes durante décadas descendieron a minas subterráneas con herramientas manuales hasta los operadores que hoy pueden controlar equipos a kilómetros de distancia de una faena. El oficio minero ha cambiado profundamente, pero sigue ocupando un lugar central en la historia productiva y social de Chile.

Este 10 de agosto el país conmemora el Día del Minero y la Minera, fecha establecida originalmente por la Ley 20.363 y que desde diciembre de 2024 adoptó oficialmente su actual denominación, incorporando expresamente a las mujeres que forman parte de la actividad. La jornada coincide con la festividad de San Lorenzo, patrono de los mineros, una tradición especialmente arraigada en las zonas mineras del norte del país.

Las reacciones de la industria han vuelto a poner el foco este año en quienes trabajan en las faenas, pero también en los desafíos que enfrenta una actividad cada vez más tecnológica.

“Hoy saludamos con profundo respeto a cada minero de Chile. Su trabajo no solo mueve la economía del país, también construye futuro, genera oportunidades y aporta al desarrollo de las comunidades”, señaló el presidente de la Cámara Minera de Chile, Manuel Viera, quien planteó además la necesidad de avanzar hacia una minería “más segura, sustentable y con mejores condiciones para quienes están en terreno”.

Desde ENAMI, en tanto, el inicio del Mes de la Minería estuvo marcado por un reconocimiento especial a las personas de la pequeña y mediana minería. La estatal destacó que se trata de una actividad que ha marcado la historia de Chile y que detrás de su desarrollo existen “territorios de esfuerzo” y personas capaces de transformar los desafíos en nuevas oportunidades.

La conmemoración también encuentra a la industria discutiendo sobre el futuro del trabajo minero, la formación de capital humano, la incorporación de tecnología y la seguridad. Son cambios que muestran hasta qué punto la imagen tradicional del minero con casco y herramientas representa hoy solo una parte de un ecosistema mucho más amplio, integrado por operadores, mantenedores, geólogos, ingenieros, especialistas ambientales, profesionales de comunidades, proveedores y trabajadores de servicios, entre muchos otros.

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Una historia escrita bajo tierra

La importancia de la minería para Chile, sin embargo, comenzó mucho antes de la minería industrial.

Los minerales ya eran explotados por los pueblos que habitaban el territorio antes de la llegada de los españoles. Pero fue durante el siglo XIX cuando la actividad pasó a desempeñar un papel determinante en la economía de la naciente República.

Uno de los momentos decisivos ocurrió en 1832, cuando Juan Godoy descubrió el mineral de plata de Chañarcillo, al sur de Copiapó. Su extraordinaria riqueza atrajo trabajadores, empresarios y capitales hacia Atacama, transformando a Copiapó en un importante centro económico. El auge minero estuvo estrechamente relacionado, además, con la construcción en 1851 del ferrocarril entre Copiapó y Caldera.

Décadas más tarde sería el salitre el que modificaría nuevamente el paisaje económico y humano del país. Entre 1880 y 1930 fue la principal actividad económica de Chile y dio origen a una cultura propia en la pampa: oficinas salitreras, campamentos, pulperías, sindicatos, ferrocarriles y pueblos completos surgieron alrededor de la explotación del nitrato.

También el carbón dejó una huella que permanece hasta hoy. Lota y Coronel crecieron durante el siglo XIX en torno a las minas y desarrollaron una identidad social y cultural profundamente vinculada al trabajo bajo tierra.

La era del cobre

A comienzos del siglo XX comenzó a consolidarse el ciclo que todavía define a la minería chilena.

La explotación moderna de El Teniente se inició en 1906, mientras que Chuquicamata comenzó a desarrollarse industrialmente durante las primeras décadas del siglo. La incorporación de grandes inversiones y nuevas tecnologías dio origen a lo que posteriormente se conocería como la gran minería del cobre. Hacia fines de la década de 1920, estas operaciones ya concentraban la enorme mayoría de la producción cuprífera nacional.

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Desde entonces, el cobre no solo se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos del país. También estuvo detrás del crecimiento de ciudades, carreteras, puertos, proveedores, centros de formación y comunidades completas vinculadas directa o indirectamente con la actividad.

Esa importancia continúa vigente. Durante 2025 las exportaciones mineras alcanzaron US$63 mil millones, equivalentes al 59% de todas las exportaciones chilenas, mientras que el empleo directo promedio del sector llegó a unas 305 mil personas, su mayor nivel en al menos quince años.

Un minero distinto para una minería distinta

Lo que sí ha cambiado radicalmente es la manera de producir.

Donde antes predominaban el esfuerzo físico y la presencia permanente en terreno, hoy conviven perforadoras autónomas, centros integrados de operaciones, sensores, análisis de datos y sistemas capaces de controlar procesos de forma remota.

La transformación también es humana. La incorporación de mujeres, nuevas especialidades profesionales y mayores exigencias ambientales y comunitarias han ampliado la definición de quiénes forman parte de la minería.

Incluso el nombre de esta conmemoración refleja ese cambio. Desde 2024, la legislación chilena dejó atrás oficialmente el “Día del Minero” para reconocer cada 10 de agosto el “Día del Minero y la Minera”.

Después de casi dos siglos desde el auge de Chañarcillo, los minerales extraídos son distintos, las tecnologías han cambiado y también lo ha hecho la forma de trabajar. Lo que permanece es una relación difícil de separar de la propia historia del país.

Por eso, el 10 de agosto no es solamente una fecha de celebración para una industria. Es también un reconocimiento a generaciones de personas cuyo trabajo ayudó a construir buena parte del Chile que conocemos y que hoy tienen el desafío de construir la minería que viene.