[Opinión] Las Mujeres y la Minería

Por Leticia Campos Olivares. Académica del Departamento de Ingeniería de Minas, Universidad de Atacama. 

En el tiempo de nuestras abuelas, era imposible que una mujer trabajara en una mina. Si bien en las faenas mineras su presencia no era nula, sus trabajos se limitaban a la preparación de alimentos y/o limpieza de los campamentos. 

Hoy en día la mujer ha ganado un sitial importante dentro de la industria, y aún cuando su participación no supera el 14%, este porcentaje representa que los tiempos han cambiado;  y que las mujeres pueden desarrollarse en cualquier campo, incluso en el minero, que era  territorio casi exclusivo de los hombres.

Hace años, cuando hice mi tesis, el minero pirquinero -supersticioso como él solo- tenía temor de dejarme  entrar a sus pequeños laboreos, ya que la mina se podía ‘poner celosa’, y la veta con rico metal se podía perder, como señala el mito popular. Lo anterior no solo se daba en la pequeña minería, sino a todo nivel; recordemos que no fue sino hasta finales de los años 90´que se eliminó un decreto que decía explícitamente que las mujeres no podían trabajar en minería subterránea. 

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«Las mujeres hoy en día han derribado el mito popular, pudiéndose desempeñar de forma eficiente en sus trabajos, demostrando que no están de paso en la minería, sino que llegaron para quedarse».

En otra oportunidad, haciendo un “pituto”, la dueña de la Mina “La Pepa de Oro” -ubicada camino a Vallenar- me pidió un trabajo de topografía y me llevó a reconocer las labores. Cuando terminamos nuestro recorrido  me dijo: “Mira linda, ahora que hemos llegado al nivel más profundo de mi mina, te cuento que si no hubieses sido una buena mujer, la mina no nos hubiera dejado bajar y llegar hasta acá…”. Además, me enseñó una oración “rezo” para la protección, que siempre -aunque no soy católica- pronuncio y enseño a mis alumnas. 

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Nunca olvidé a esta señora, en ese tiempo tenía unos 70 años; la recuerdo siempre con gran admiración, porque ella tuvo que hacerse cargo muy joven de las faenas mineras de su marido, luego de que éste muriera, e imponerse con sacrificio en ese mundo de hombres.

Hace una década atrás era casi impensado que en las carreras de minería el número de estudiantes que postularán a un cupo superara las diez personas del sexo femenino, a diferencia de hoy, donde se pueden ver que son muchas las mujeres que quieren participar de la minería, polo económico principal de nuestro país; aportando con una capacidad de liderazgo innata, que he podido evidenciar en todos estos años como profesora. Y que además resuelven los problemas con ingenio, empatía y sensibilidad, características que replican en su vida laboral.

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Las mujeres hoy en día han derribado el mito popular, pudiéndose desempeñar de forma eficiente en sus trabajos, demostrando que no están de paso en la minería, sino que llegaron para quedarse. Por eso y más, manifiesto mi gran admiración por todas y cada una de nosotras, las que estamos y las que vendrán.