El gerente general de Quebrada Blanca, Mario Ortiz, presentó la estrategia de la compañía para desarrollar proyectos mineros con foco en sostenibilidad, confianza con las comunidades y generación de beneficios para los territorios.
La sustentabilidad como eje central del negocio minero fue uno de los principales temas abordados por Teck durante su participación en Exponor 2026. En el marco del seminario “Liderazgo estratégico, valor compartido y territorio”, el gerente general de Quebrada Blanca, Mario Ortiz, expuso la visión de la compañía respecto a cómo compatibilizar crecimiento productivo, protección ambiental y desarrollo comunitario.
La actividad, organizada por la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA) y encabezada por el subsecretario de Minería, Álvaro González, reunió a representantes de empresas, gremios y autoridades para analizar los desafíos que enfrenta la industria en un escenario marcado por la creciente demanda mundial de cobre para la transición energética.
Durante su presentación, denominada “Sustentabilidad y ejecución: liderazgo para crecer junto al territorio”, Ortiz explicó cómo Teck desarrolló la nueva fase operacional de Quebrada Blanca bajo un modelo que incorpora la sustentabilidad desde el diseño del proyecto y no como un componente adicional.
“La legitimidad no es un concepto abstracto para la compañía; es la base sobre la que se diseñó e implementó la nueva fase operacional de Quebrada Blanca, transformando por completo el modelo operacional mediante innovaciones sustentables y a la vanguardia de la minería moderna”, señaló el ejecutivo.
Innovación ambiental y participación comunitaria
Entre los principales avances destacados por Teck figura la construcción de la primera planta desaladora para la minería en la Región de Tarapacá, infraestructura que permite abastecer las operaciones sin utilizar agua continental.
A ello se suma el uso de energías renovables no convencionales y la incorporación de mecanismos de participación temprana con las comunidades, que permitieron desarrollar procesos de diálogo orientados a construir acuerdos sobre distintos aspectos del proyecto.
Según la compañía, este trabajo conjunto derivó en iniciativas como programas de monitoreo participativo y modificaciones al diseño de ingeniería para proteger componentes ambientales y patrimoniales del territorio.
El Salar de Alconcha como ejemplo de colaboración
Uno de los casos más emblemáticos presentados durante el seminario fue el acuerdo alcanzado con comunidades indígenas de Ollagüe para la creación de un área de conservación ambiental en el Salar de Alconcha, humedal altoandino ubicado a más de 4.000 metros de altura en la Región de Antofagasta.
La iniciativa contempla la protección, restauración y educación ambiental en torno a este ecosistema, incorporando una gobernanza que reconoce el valor cultural y territorial de las comunidades originarias.
“Este proyecto representa un hito pionero en la minería chilena, donde la empresa privada y los pueblos originarios se unen en torno a la confianza para proteger un ecosistema crítico. El espacio no solo resguardará el entorno y el territorio ancestral, sino que también contribuirá al desarrollo local del turismo sustentable”, afirmó Ortiz.
Valor compartido más allá de la operación minera
Durante su exposición, el ejecutivo destacó que la estrategia de Teck se basa en la construcción de valor compartido mediante alianzas con organizaciones públicas, privadas y comunitarias.
Entre las iniciativas mencionadas se encuentran programas de formación y liderazgo femenino desarrollados junto a ONU Mujeres, proyectos de fortalecimiento de la salud pública, apoyo a establecimientos educacionales rurales, iniciativas de impulso económico local y acciones de conservación del patrimonio cultural.
Según la compañía, este enfoque busca generar beneficios sostenibles para los territorios donde opera, fortaleciendo al mismo tiempo la legitimidad social de los proyectos mineros.
La participación de Teck en Exponor 2026 reafirmó una visión que gana espacio dentro de la industria: el desarrollo minero no depende únicamente de los niveles de producción o de la capacidad tecnológica de las operaciones, sino también de la capacidad de construir relaciones de confianza y generar impactos positivos para las comunidades y el entorno.
