Diferencias estratégicas frenan fusión entre Glencore y Rio Tinto

El desacuerdo por la participación accionaria y el precio puso fin a conversaciones que habrían redefinido el liderazgo mundial en cobre y hierro.

Un proceso que se arrastraba desde hace más de diez años y que era considerado el mayor anhelo estratégico de Glencore Plc terminó abruptamente en menos de 24 horas. Las negociaciones para una eventual fusión con Rio Tinto Group colapsaron justo antes del plazo fijado por la normativa británica de adquisiciones, dejando atrás una operación que habría dado origen a un gigante minero valorado en cerca de US$240.000 millones.

De acuerdo con fuentes cercanas al proceso citadas por Bloomberg, las conversaciones se extendieron hasta la tarde del jueves, cuando Rio Tinto decidió retirarse definitivamente ante la falta de acuerdo en el precio y, especialmente, en la exigencia de Glencore de controlar cerca del 40% de la compañía combinada. Para la minera angloaustraliana, prolongar las tratativas dejó de tener sentido al no vislumbrarse flexibilidad por parte de su contraparte.

La negociación había tomado un nuevo impulso durante diciembre, en un contexto marcado por el repunte del precio del cobre y por la creciente presión sobre las grandes mineras para asegurar crecimiento futuro en este metal clave para la transición energética. Para Glencore, la operación representaba una oportunidad de revitalizar un portafolio de cobre cuya producción ha caído más de 40% en la última década. Para Rio Tinto, en tanto, el acuerdo permitía diversificar su exposición, hoy fuertemente ligada al hierro, y duplicar su producción de cobre, posicionándose como el principal productor mundial del metal rojo.

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El acercamiento más reciente fue impulsado por el CEO de Glencore, Gary Nagle, quien retomó contactos informales con su par de Rio Tinto, Simon Trott, durante el segundo semestre del año pasado. A medida que avanzaron las conversaciones, también se involucró de forma más activa Ivan Glasenberg, fundador y principal accionista de Glencore, buscando despejar dudas sobre su compromiso con la operación.

Sin embargo, el principal escollo fue la valoración relativa de ambas compañías. Desde Glencore cuestionaron que Rio Tinto anclara su propuesta a la relación de precios bursátiles existente al momento en que se hicieron públicas las conversaciones, mientras que en Rio se consolidó la percepción de que la minera suiza no cedería en su demanda de control accionario, pese a las complejidades regulatorias y culturales que implicaría una integración de esta magnitud.

La ruptura se produce en un momento sensible para ambas firmas. Las acciones de Glencore cayeron cerca de 7% tras conocerse el fracaso de las negociaciones, mientras analistas pusieron en duda la capacidad de la compañía para desarrollar por sí sola su crecimiento en cobre. Para Rio Tinto, en tanto, el retroceso sostenido del precio del hierro vuelve a poner sobre la mesa los riesgos de haber dejado pasar una oportunidad estratégica sin precedentes.

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En el mercado, la atención se trasladó rápidamente a la posibilidad de que surja un nuevo actor interesado. Analistas de RBC Capital Markets señalaron que BHP Group podría emerger como un eventual competidor, aunque advirtieron que justificar el valor de una operación de este tipo ante inversionistas australianos sería un desafío relevante, especialmente considerando que Rio Tinto optó por retirarse.

Con la decisión de poner fin a las tratativas, la normativa británica impide que Glencore y Rio Tinto retomen conversaciones formales durante al menos seis meses, salvo que surja un oferente rival o que una de las partes solicite formalmente reabrir el proceso. Por ahora, el mayor intento de consolidación en la historia reciente de la minería global queda archivado, dejando abiertas interrogantes sobre el próximo movimiento estratégico de los principales actores del sector.