La escalada en Medio Oriente introduce volatilidad en el mercado minero global a través del petróleo, los costos operacionales y las perspectivas de crecimiento, configurando un escenario mixto para Chile.
La intensificación del conflicto en Irán volvió a instalar incertidumbre en los mercados internacionales, con efectos indirectos pero relevantes para la minería. El principal canal de transmisión no es la oferta de minerales, sino la energía, particularmente por el riesgo sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y cerca de un quinto del consumo global, según la U.S. Energy Information Administration.
En este contexto, Reuters reportó el anuncio de Estados Unidos de bloquear el tráfico marítimo hacia puertos iraníes, medida que podría retirar del mercado cerca de 2 millones de barriles diarios. El petróleo superó nuevamente los US$100 por barril, reflejando la prima de riesgo geopolítico y la posibilidad de disrupciones prolongadas en la oferta energética.
Para la minería, el impacto se materializa principalmente en costos. El alza del crudo encarece diésel, transporte y fletes, afectando directamente a una industria intensiva en energía. A nivel macro, el riesgo es una combinación de menor crecimiento y mayor inflación global. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que el conflicto apunta en esa dirección, con implicancias para la inversión y la demanda industrial.
En el caso del cobre, el mercado ya operaba con un equilibrio ajustado. Cochilco proyecta para 2026 una demanda de 28,29 millones de toneladas frente a una oferta de 28,5 millones, con precios en torno a US$4,30 la libra, sostenidos por restricciones en concentrados y una demanda aún firme. Sin embargo, la evolución del conflicto introduce un factor de volatilidad adicional, particularmente si afecta el crecimiento de China. Reuters advirtió que el deterioro del escenario en Medio Oriente podría impactar la actividad del principal consumidor mundial, en un contexto donde ya se observan ajustes en importaciones y mayor autosuficiencia metalúrgica.
Para Chile, el efecto es dual. El país puede capturar valor en un escenario de precios elevados del cobre —considerando que el sector lidera las exportaciones—, pero enfrenta una alta exposición a la energía importada. Según el Ministerio de Energía, en 2024 Chile importó US$14.500 millones en combustibles y depende en un 99% de petróleo externo, lo que amplifica el impacto de un shock de precios.
