Desde la primera línea de decisión del negocio, tres ejecutivas reflexionan sobre cómo la industria está redefiniendo su modelo de gestión, su liderazgo y sus procesos de decisión en un contexto de transformación estructural.
La minería chilena atraviesa uno de los momentos más desafiantes y decisivos de su historia reciente. La transición energética, la creciente presión en materia ESG, la acelerada digitalización y una complejidad regulatoria cada vez mayor configuran un escenario donde la toma de decisiones estratégicas exige una mirada sistémica, capacidad de anticipación y liderazgo de alto nivel.
En este contexto, el liderazgo ejecutivo adquiere un rol clave para orientar la transformación de la industria. En el marco del Mes de la Mujer, tres ejecutivas con amplia trayectoria en el sector —Paola Villagrán, Gerenta de Planificación & Desarrollo de Minera Antucoya; Carolina Ayala, Asociada de Aurys Consulting; y Paula Ubilla, Gerenta de Transformación de Procesos de Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi— comparten su mirada sobre cómo está evolucionando la toma de decisiones, el modelo de gestión y el liderazgo que requerirá la minería chilena en la próxima década.
Decisiones estratégicas en entornos de alta complejidad
La creciente incertidumbre del entorno obliga a ampliar la mirada estratégica y a integrar variables técnicas, sociales, regulatorias y tecnológicas en la toma de decisiones. La industria minera ha debido adaptar sus procesos de decisión a un escenario cada vez más complejo, donde las variables ya no son exclusivamente técnicas o económicas.
Para Paola Villagrán, este cambio implica pasar de decisiones centradas en indicadores productivos a enfoques más integrales. “Hoy en día, ya no es suficiente considerar el CAPEX, la productividad o los precios del cobre como indicadores; la licencia social para operar, la sostenibilidad, la presión regulatoria, la ciberseguridad, el talento, la trazabilidad y la velocidad de adaptación también juegan un papel importante”, señala. En su opinión, las mejores decisiones son aquellas que combinan resiliencia, competitividad y legitimidad en un marco integrado.
En la misma línea, Carolina Ayala plantea que la mayor complejidad y variabilidad del entorno ha llevado a que la toma de decisiones evolucione desde “decisiones por hitos” hacia un “proceso continuo”, exigiendo a los equipos mayor capacidad de anticipación, visión multidisciplinaria y gestión de riesgos.
Paula Ubilla agrega que decidir en minería implica además comprender la naturaleza de largo plazo de los proyectos. “Decidir bien no es solo eliminar riesgos, sino integrar información, miradas diversas y visión de largo plazo para desarrollar proyectos sólidos y sostenibles”.
La transformación del modelo de gestión minera
La digitalización, las exigencias ESG y la mayor regulación están impulsando a la minería hacia modelos de gestión más integrados, basados en datos y con mayor foco en sostenibilidad. Así, el modelo tradicional centrado en producción y eficiencia evoluciona hacia una visión más amplia de creación de valor.
Desde la experiencia de Collahuasi, Paula Ubilla refuerza el tránsito de la minería desde un enfoque centrado en la eficiencia operacional hacia un modelo que integra sostenibilidad, impacto y propósito. Destaca que “la digitalización ha sido clave en esta evolución, transformando la forma de operar, fortaleciendo la seguridad y promoviendo un uso más eficiente de los recursos. En la compañía, este enfoque se ha asumido como parte de la estrategia”.
Según Paola Villagrán, la industria está transitando hacia operaciones más conectadas y basadas en información. “La digitalización está creando una minería más predictiva y basada en datos, mientras que las exigencias ESG obligan a integrar la sostenibilidad como parte de la estrategia y no solo como un ejercicio de reporte”.
Este cambio también implica una mayor coordinación organizacional. Carolina Ayala explica que hoy la competitividad depende de la capacidad de integrar múltiples dimensiones. “El desafío ya no es solo operar bien, sino lograr que competitividad, sostenibilidad y cumplimiento regulatorio avancen de manera simultánea y consistente”.
Liderazgo y transformación cultural
La próxima etapa de la minería requerirá líderes capaces de integrar tecnología, personas y propósito en organizaciones cada vez más complejas. La transformación tecnológica que vive la industria también exige una evolución en los estilos de liderazgo.
Carolina Ayala sostiene que el liderazgo del futuro deberá movilizar a las organizaciones frente al cambio. “La minería de la próxima década requerirá un liderazgo que, sin dejar de fortalecer lo técnico, potencie lo adaptativo. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, tanto a nivel organizacional como personal, será clave para fortalecer la colaboración, desarrollar capacidades y sostener un mejor desempeño”.
A juicio de Paola Villagrán, el desafío es avanzar hacia liderazgos más habilitadores que jerárquicos. “En la próxima década, la minería requerirá menos liderazgo de arriba hacia abajo y más liderazgo habilitador. La transformación cultural no ocurre con discursos; sucede cuando la alta dirección altera prioridades, incentivos, métricas, conversaciones y procesos de toma de decisiones”.
Paula Ubilla enfatiza que “el liderazgo actual debe ser capaz de integrar tecnología, personas y propósito, promoviendo culturas que fomenten la colaboración, la innovación y el aprendizaje continuo”, destacando además la importancia de “habilitar tecnología con sentido, poniendo a las personas en el centro de la transformación digital para construir la minería del futuro”.
Liderazgo femenino y competitividad de la industria
El aumento de la participación femenina abre nuevas oportunidades para fortalecer la toma de decisiones y la capacidad de innovación del sector. La presencia de mujeres en la minería ha crecido de forma sostenida en la última década, pero el desafío ahora es consolidar su influencia en la agenda estratégica del sector.
Desde su experiencia en la industria minera, Carolina Ayala destaca que el liderazgo femenino se distingue por su solidez técnica y capacidad de conducción distintiva, transformándose en una ventaja estratégica. “En la alta dirección minera, el sello femenino permite abordar entornos complejos con decisiones más integrales, fortalecer la articulación entre áreas y generar condiciones para un mejor desempeño organizacional”.
Paola Villagrán ve el liderazgo femenino como una evolución en tres direcciones: consolidar presencia en roles con responsabilidad integral de negocio; fortalecer una propuesta de liderazgo que combine resultados, escucha, colaboración y visión de largo plazo; y convertirse en un motor de cambio cultural, impulsando organizaciones más inclusivas, meritocráticas y capaces de atraer el talento que la minería necesitará en la próxima década.
Paula Ubilla coincide en que la participación femenina en la alta dirección fortalece la calidad de las decisiones y la capacidad de innovación del sector, aportando una visión integradora, empática y estratégica. “En Collahuasi, la diversidad es entendida como una ventaja competitiva y un factor clave para el desarrollo sostenible del negocio. Por ello, se impulsa activamente el desarrollo del talento femenino en distintos niveles de la organización y a lo largo de toda la cadena de valor”.
