Un escenario de guerra extendida podría generar sobreoferta, caída de precios y presión en márgenes, afectando especialmente a productores de mayor costo.
Un eventual conflicto prolongado en Irán podría tener efectos significativos sobre el mercado global del cobre, debilitando la demanda, presionando los precios a la baja y reduciendo las utilidades de las principales compañías mineras, según un análisis de Bloomberg Intelligence.
De acuerdo con el informe, un escenario de guerra extendida —con precios del petróleo por sobre los US$150 por barril debido a interrupciones en el estrecho de Ormuz— podría desacelerar el crecimiento económico global y limitar el crecimiento de la demanda de cobre a apenas entre 0,5% y 1%.
En este contexto, los precios del metal podrían caer por debajo de los US$10.000 por tonelada, generando un superávit refinado de entre 100.000 y 200.000 toneladas, en contraste con las proyecciones actuales del mercado.
Impacto directo en grandes mineras
El deterioro en los precios y el aumento de costos tendría un impacto directo en los resultados financieros de las principales productoras. Según Bloomberg Intelligence, las utilidades podrían caer alrededor de un 20% en Southern Copper, un 32% en Antofagasta plc y hasta un 55% en First Quantum Minerals.
El análisis indica que Southern Copper estaría mejor posicionada frente a este escenario debido a su estructura de costos más competitiva, mientras que First Quantum enfrentaría mayores riesgos por su perfil de costos más alto y la incertidumbre en torno a la reactivación del proyecto Cobre Panamá.
Costos al alza y presión en márgenes
Uno de los principales factores de riesgo es el aumento en los costos operacionales. Bloomberg Intelligence estima que un conflicto prolongado podría elevar los costos unitarios entre un 10% y un 20%, impulsados principalmente por el encarecimiento de insumos como el ácido sulfúrico y la energía.
En este escenario, los márgenes de las compañías podrían comprimirse significativamente, pasando desde niveles cercanos al 70% en 2025 a alrededor de un 40% en 2026, acercándose a promedios históricos de largo plazo.
Este ajuste podría traducirse en una reducción del gasto de capital y en el retraso de nuevos proyectos, afectando la dinámica de inversión en el sector.
Escenarios alternativos y rol de China
El informe también plantea que un conflicto de menor duración tendría efectos más acotados, manteniendo un mercado relativamente equilibrado en 2026, con precios entre US$10.500 y US$11.500 por tonelada. En caso de una rápida resolución, el mercado podría volver a un escenario de déficit, con precios cercanos a los US$12.000.
Sin embargo, el debilitamiento de la demanda en China agrega incertidumbre adicional. Indicadores recientes apuntan a un crecimiento del consumo de cobre de apenas entre 0,5% y 1% en 2026, afectado por la desaceleración del sector inmobiliario y una menor actividad industrial.
A esto se suma el aumento de inventarios globales, que ya alcanzan cerca de 1,4 millones de toneladas, lo que sugiere un mercado más favorable para compradores y limita el potencial de recuperación de precios en el corto plazo.
Riesgos geopolíticos y señales para la industria
El análisis concluye que, si bien los fundamentos de largo plazo del cobre —impulsados por la electrificación y la transición energética— se mantienen sólidos, los riesgos geopolíticos podrían retrasar este escenario, afectando la demanda, los costos y las decisiones de inversión en el corto plazo.
De esta forma, el mercado del cobre queda expuesto a una compleja combinación de factores: una demanda debilitada, costos en alza y disrupciones en la cadena de suministro, configurando un entorno desafiante para la industria minera global.
