El metal cayó en las operaciones posteriores al cierre de los mercados tras un recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, las amenazas para la producción nacional derivadas del intenso sistema frontal mantuvieron acotadas las pérdidas.
El precio del cobre cerró prácticamente estable este jueves, pero retrocedió en las operaciones posteriores luego de que un recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán provocara una venta generalizada de materias primas y fortaleciera al dólar. Aun así, el metal mostró un comportamiento más resiliente que otros commodities debido a la preocupación que existe por posibles interrupciones en el suministro desde Chile, principal productor mundial.
El contrato para entrega en septiembre en la bolsa Comex terminó la sesión en US$6,34 por libra (US$13.980 por tonelada), cerca de los máximos alcanzados durante las últimas tres semanas. Posteriormente, cayó cerca de un 1,1%, hasta US$6,27 por libra, aunque todavía se mantiene aproximadamente un 6% por debajo del récord histórico registrado a comienzos de junio.
En la Bolsa de Metales de Londres (LME), el cobre a tres meses cerró en US$13.585 por tonelada, acumulando un alza cercana al 8% en lo que va de 2026.
Escalada del conflicto presiona a los mercados
El cambio de tendencia se produjo luego de que Estados Unidos atacara por primera vez un buque petrolero cercano al principal terminal de exportación de Irán desde el reinicio del bloqueo marítimo, hecho que elevó la incertidumbre sobre el mercado energético internacional.
La noticia impulsó al dólar y a los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, mientras los inversionistas volvieron a anticipar que la Reserva Federal podría mantener una política monetaria más restrictiva si el alza del petróleo termina presionando nuevamente la inflación.
El movimiento afectó a la mayoría de las materias primas. El oro cayó más de un 2%, la plata perdió cerca de un 4% y los principales índices bursátiles estadounidenses también cerraron con pérdidas.
Temporal mantiene en alerta a la industria minera chilena
Las pérdidas del cobre fueron moderadas gracias a la preocupación existente por el impacto que podría tener el intenso sistema frontal que comenzó a afectar esta semana al país.
El fenómeno, catalogado por especialistas como un posible río atmosférico categoría 5, ya provocó cortes de energía y daños en diversas zonas del sur del país y se desplaza hacia la zona central, donde se concentra una parte importante de la producción nacional de cobre. Las autoridades anticipan precipitaciones que podrían superar los 150 milímetros en algunos sectores.
Frente a este escenario, el Gobierno sostuvo reuniones de coordinación con representantes de la industria minera para asegurar la continuidad operacional y coordinar el uso de infraestructura y equipos en caso de emergencias. Hasta el cierre de esta edición, los principales terminales portuarios utilizados para la exportación de cobre continuaban operando con normalidad.
Oferta mundial enfrenta nuevos desafíos
El riesgo climático se suma a un escenario de oferta cada vez más ajustado para el mercado del cobre.
Esta semana Antofagasta Minerals informó una caída de 9,5% en su producción durante el primer semestre, mientras que BHP proyectó una disminución de su producción chilena para el próximo ejercicio debido al descenso esperado en las leyes minerales de Escondida.
A ello se agregó una advertencia de la Agencia Internacional de Energía (IEA), que sostuvo que las restricciones en el suministro de ácido sulfúrico —insumo fundamental para las operaciones de lixiviación— han deteriorado las perspectivas de corto plazo para el mercado mundial del cobre.
Chile mantiene una visión positiva para el cobre
Pese al aumento de la incertidumbre internacional, el Gobierno chileno actualizó esta semana sus proyecciones económicas elevando su estimación para el precio promedio del cobre durante 2026 desde US$5,46 hasta US$5,90 por libra, aunque redujo la expectativa de crecimiento económico del país a 1,8%, citando precisamente el mayor riesgo derivado del conflicto en Medio Oriente.
Las perspectivas de largo plazo continúan siendo favorables para el metal rojo, impulsadas por la electrificación, la transición energética, el crecimiento de los centros de datos y la expansión de la inteligencia artificial, factores que siguen sosteniendo una demanda estructuralmente alta mientras la industria enfrenta crecientes dificultades para aumentar la oferta.
