Mayor demanda eléctrica y riesgos externos tensionan la competitividad de la minería chilena

camión Minera Centinela

El aumento estructural del consumo eléctrico en la minería del cobre, junto a la incertidumbre en los mercados energéticos globales por el conflicto en Medio Oriente, plantea desafíos estratégicos para Chile en términos de costos, seguridad de suministro y posicionamiento en la transición energética.

El escenario energético global atraviesa un momento de alta volatilidad, marcado por el recrudecimiento del conflicto en Irán y su impacto en los mercados de hidrocarburos. La posibilidad de disrupciones en el suministro de petróleo y gas natural —especialmente a través del estrecho de Ormuz— ha reactivado las alertas sobre una eventual crisis energética internacional, con efectos directos en los costos de generación eléctrica y en la estabilidad de los sistemas energéticos.

Este contexto adquiere especial relevancia para la minería chilena, que enfrenta simultáneamente un proceso estructural de aumento en su demanda eléctrica. De acuerdo con el informe de Cochilco Proyección de consumo de energía eléctrica de la minería del cobre 2025-2034, el consumo del sector crecerá desde 27,6 TWh en 2025 hasta 33,2 TWh en 2034, lo que implica un alza de 20,2%, muy por sobre el crecimiento esperado de la producción de cobre (8,3%) .

Este desacople entre producción y consumo energético refleja un cambio profundo en la estructura de la industria. La caída en las leyes del mineral, la mayor dureza de los yacimientos y el desplazamiento hacia procesos de concentración están elevando la intensidad energética del cobre chileno. En particular, la concentración representará cerca del 55% del consumo eléctrico al final del período, consolidándose como el principal driver de demanda .

También te puede interesar:  Tribunal Ambiental admite reclamación contra RCA del proyecto minero La Farola

A ello se suma un segundo factor crítico: la transición hídrica. El uso de agua de mar —incluyendo desalación e impulsión hacia faenas en altura— incrementará significativamente el consumo energético, pasando de 3,4 TWh en 2025 a 5,4 TWh en 2034, equivalente a un crecimiento cercano al 60% . Este componente se proyecta como el segundo mayor consumidor eléctrico del sector.

En paralelo, el conflicto en Irán introduce un factor externo que puede tensionar aún más este escenario. Aunque Chile ha avanzado de forma sostenida en la descarbonización de su matriz eléctrica, la generación y los precios de la energía siguen expuestos a dinámicas globales. Un alza sostenida en los precios del gas natural licuado (GNL) —insumo relevante en la matriz eléctrica— podría traducirse en mayores costos para contratos spot o nuevos acuerdos de suministro, impactando directamente a la minería.

Esta combinación de factores configura una ecuación compleja: una industria que demanda cada vez más electricidad en un contexto internacional que podría encarecer la energía. Sin embargo, el propio informe de Cochilco muestra un elemento de resiliencia relevante. Hacia 2030, se proyecta que el 98,6% del consumo eléctrico de la minería provendrá de fuentes renovables, impulsado por contratos de largo plazo (PPA) y compromisos de descarbonización .

También te puede interesar:  Sierra Gorda SCM cierra negociación colectiva anticipada con sus sindicatos y proyecta acuerdos hasta 2029

Esta transición hacia energías renovables no solo responde a objetivos climáticos, sino que se convierte en una herramienta estratégica frente a la volatilidad global. Al desacoplarse parcialmente de los combustibles fósiles, la minería chilena podría mitigar parte del riesgo asociado a crisis energéticas internacionales, aunque no eliminarlo completamente.

A nivel territorial, el impacto también será significativo. Regiones como Antofagasta seguirán concentrando más de la mitad del consumo eléctrico minero, mientras que Atacama y Coquimbo emergen como polos de crecimiento energético, asociados a nuevos proyectos y mayor uso de agua de mar . Esto implica mayores exigencias sobre la infraestructura de transmisión y generación en el norte del país.

En este contexto, la seguridad energética se posiciona como un factor crítico para la competitividad de Chile. La expansión del sistema eléctrico, el desarrollo de almacenamiento energético y la estabilidad regulatoria serán claves para sostener el crecimiento proyectado de la minería.

La convergencia entre una demanda energética creciente y un entorno internacional incierto redefine el debate estratégico para la industria. Más allá de la transición energética, el desafío de fondo será asegurar energía suficiente, competitiva y estable en un mundo donde los shocks geopolíticos vuelven a tener un impacto directo sobre los costos productivos.